Diferencia entre la siembra directa y el mínimo laboreo

Los sistemas de cultivo y tratados de los campos han cambiado a lo largo del paso del tiempo. Son diferentes los procedimientos y métodos existentes para explotar un suelo. Algo que depende en gran medida de las características del propio suelo, del clima, del cultivo y también de los medios y herramientas de los que se disponga. Además, actualmente se está produciendo un interés mayor por lo que se denomina la agricultura de conservación o ecológica, con un cuidado y mantenimiento mayor de la calidad del suelo y sus propiedades. De ahí que vayamos a resaltar dos tipos de siembra de conservación como es la siembra directa y la del mínimo laboreo para destacar sus puntos fuertes y diferencias.

Se tratan de dos técnicas bastantes asentados hoy en día, tanto en España como en todo el mundo, y que forman parte de ese tipo de agricultura sostenible tan de moda a día de hoy. Aunque es cierto que ambas técnicas abogan por una siembra de conservación, existen una serie de diferencias entre ambas.

Características de la siembra de laboreo mínimo

Esta técnica, también llamada de labranza reducida, genera un impacto mínimo y reducido sobre las capas de la tierra, de ahí su nombre. La idea de poner en marcha este tipo de siembra es la de manipular lo más mínimo el terreno y reducir la labranza a la hora de preparar el suelo para el cultivo.

Este procedimiento se asienta en el cambio de la labor de labranza y alzada tradicional, por el uso de arados de vertedera o discos. Así el suelo apenas será manipulado. Una técnica poco invasiva donde se permite dejar los residuos que hay en el suelo (raíces, nutrientes, agua…) para una cobertura más completa tras la siembra. Se trata de unir la mecanización y uso de maquinaria precisa, como los arados de vertedera, junto a otros aspectos medioambientales también a tener en cuenta.

Puntos fuertes de la siembra directa

Por otro lado nos encontramos con la siembra directa, de la cual ya hemos hablado en otras ocasiones, y que supone ir un paso más allá en la conservación de las características del suelo previa siembra del mismo. En el caso de la siembra directa lo que se utiliza son las sembradoras de siembra directa ya preparadas para realizar las labores de siembra de manera directa y sin pasar por un proceso de labranza anterior.

Esto es posible ya que son máquinas preparadas con unas rejas capaces de colocar las semillas a una profundidad adecuada sin labrar. De esta forma se consiguen ciertas ventajas como un ahorro en gastos, y una menor erosión de las capas superficiales del suelo, manteniendo mejor la humedad del terreno y los microorganismos existentes.