Elegir maquinaria agrícola no consiste únicamente en comparar precios, potencia o anchuras de trabajo. Una decisión adecuada debe tener en cuenta el tipo de labor, las características del terreno, el tractor disponible, la superficie que se va a trabajar y las horas de utilización previstas.
Una máquina mal dimensionada puede obligar a realizar más pasadas, aumentar el consumo de combustible, provocar averías o impedir que el trabajo se complete en el momento más adecuado. Por el contrario, un apero adaptado a la explotación permite aprovechar mejor la potencia del tractor, reducir tiempos y mantener controlado el coste por hectárea.
La siembra directa es una técnica agrícola cada vez más utilizada por agricultores que buscan reducir labores, proteger el suelo y mejorar la eficiencia de sus explotaciones. A diferencia de la siembra convencional, este sistema permite depositar la semilla directamente sobre el terreno sin realizar una labor previa intensiva de arado o volteo.
Aunque puede ofrecer importantes beneficios en términos de ahorro, sostenibilidad y conservación del suelo, también exige una correcta planificación, maquinaria adecuada y un buen manejo de los restos vegetales. Por eso, antes de implantarla, conviene conocer bien sus ventajas, sus limitaciones y los factores que determinan su rentabilidad.
¿Qué es la siembra directa?
La siembra directa, también conocida como labranza cero, consiste en sembrar sobre el terreno sin removerlo previamente. La semilla se introduce en el suelo mediante una sembradora específica, que abre el surco, deposita la semilla a la profundidad adecuada y lo cierra en una sola pasada.
Este sistema suele mantener sobre la superficie los restos del cultivo anterior, como rastrojos o cubierta vegetal. Estos residuos ayudan a proteger el terreno frente a la erosión, reducen la evaporación del agua y favorecen una mejora progresiva de la estructura del suelo.
Ventajas de la siembra directa
Menor erosión del suelo
Una de las principales ventajas de la siembra directa es que reduce la pérdida de suelo fértil. Al no voltear la tierra, la estructura del terreno se mantiene más estable y los restos vegetales actúan como una barrera natural frente al viento y la lluvia.
Esto resulta especialmente interesante en zonas con pendiente, suelos ligeros o parcelas expuestas a episodios de erosión hídrica o eólica.
Mayor conservación de la humedad
La cubierta vegetal que queda sobre la superficie ayuda a disminuir la evaporación del agua. Esto permite conservar mejor la humedad del terreno y puede favorecer la nascencia del cultivo en condiciones de sequía o escasez de precipitaciones.
En campañas con climatología irregular, esta capacidad de retención de agua puede marcar una diferencia importante en el desarrollo inicial del cultivo.
Ahorro de combustible, tiempo y mano de obra
La siembra directa reduce el número de pasadas necesarias sobre la parcela. Al evitar labores previas como el arado, el cultivador o la preparación intensiva del lecho de siembra, se ahorra combustible, tiempo de trabajo y desgaste de maquinaria.
Este punto es especialmente relevante en explotaciones extensivas, donde cada pasada supone un coste considerable.
Mejora progresiva de la estructura del suelo
Con el paso de las campañas, la siembra directa puede contribuir a mejorar la actividad biológica del suelo, aumentar la materia orgánica y favorecer una estructura más estable.
No obstante, estos beneficios no siempre son inmediatos. En muchos casos, el suelo necesita un periodo de adaptación hasta que el sistema empieza a mostrar todo su potencial.
Menor compactación por laboreo intensivo
Al reducir las labores profundas y repetidas, también se disminuye el riesgo de compactación derivado del exceso de trabajo mecánico. Aun así, si el suelo parte de una compactación previa, puede ser necesario corregirla antes de implantar un sistema de siembra directa.
Desventajas de la siembra directa
Mayor inversión inicial en maquinaria
La siembra directa requiere equipos específicos, más robustos y preparados para trabajar sobre rastrojo o suelos sin preparar. Por ello, la inversión inicial puede ser superior a la de una sembradora convencional.
En este punto, es clave elegir una máquina adaptada al tipo de suelo, cultivo y volumen de trabajo. En Larrosa Arnal se fabrican diferentes modelos de sembradoras mecánicas y sembradoras neumáticas preparadas para distintas necesidades de siembra.
Gestión más exigente de malas hierbas
Al no remover el suelo, algunas malas hierbas pueden tener más facilidad para mantenerse en la parcela. Esto obliga a planificar mejor la rotación de cultivos, el manejo del rastrojo y los tratamientos necesarios.
La siembra directa no consiste solo en dejar de labrar: requiere una estrategia agronómica completa.
Necesidad de controlar correctamente el rastrojo
El rastrojo protege el suelo, pero si no se gestiona bien también puede dificultar la implantación del cultivo. Un exceso de restos vegetales puede afectar a la apertura del surco, a la profundidad de siembra o al cierre adecuado de la semilla.
Por eso, la sembradora debe tener capacidad suficiente para trabajar en condiciones exigentes.
Posible bajada de rendimiento inicial
En algunas explotaciones puede producirse una reducción de rendimiento durante las primeras campañas, especialmente si el cambio se realiza sin estudiar previamente el estado del suelo, la fertilización, la compactación o la rotación de cultivos.
La clave está en entender la siembra directa como una transición técnica, no como un cambio aislado de maquinaria.
Siembra directa frente a siembra convencional
La principal diferencia entre la siembra directa y la siembra convencional está en la preparación del terreno. En la siembra convencional se realizan labores previas para mullir el suelo; en la siembra directa, la semilla se deposita directamente sobre el terreno, con mínima alteración.
La siembra convencional puede ofrecer una implantación más sencilla en determinadas condiciones, pero implica más pasadas, mayor consumo de combustible y más riesgo de erosión. La siembra directa, por su parte, exige más precisión, maquinaria especializada y una gestión más técnica del suelo.
¿Qué maquinaria se necesita para la siembra directa?
Para realizar una siembra directa eficaz se necesita una sembradora capaz de abrir el surco en un terreno no trabajado, colocar la semilla a la profundidad adecuada y cerrar correctamente la línea de siembra.
Dentro de estas máquinas, existen sembradoras de discos (suelen trabajar mejor con abundante rastrojo y ofrecen una apertura más limpia) y sembradoras de rejas (interesantes en determinados suelos y condiciones de trabajo).
La siembra directa puede ser una excelente opción en explotaciones cerealistas, terrenos con riesgo de erosión, parcelas de secano o suelos donde se quiera mejorar la conservación de humedad y materia orgánica.
También es ideal para agricultores que buscan reducir costes operativos. Sin embargo, antes de implantarla, conviene valorar detalladamente la textura del suelo, el nivel de compactación y el historial de malas hierbas.
Conclusión
La siembra directa ofrece ventajas claras: reduce labores, protege el suelo, conserva mejor la humedad y ayuda a disminuir costes de explotación. Sin embargo, también presenta desafíos importantes, como la inversión inicial, la gestión de malas hierbas y el manejo del rastrojo.
Por tanto, no debe plantearse como una solución automática, sino como un sistema de trabajo que requiere planificación. Cuando se aplica correctamente y con una sembradora adaptada, puede convertirse en una alternativa rentable, sostenible y eficaz a largo plazo.
El chisel agrícola es uno de los aperos más utilizados para trabajar el suelo en profundidad sin voltearlo por completo. Su función principal es descompactar el terreno, mejorar la aireación, facilitar la infiltración del agua y preparar una estructura más favorable para el desarrollo de las raíces.
A diferencia de otros sistemas de laboreo más agresivos, el chisel permite actuar sobre capas endurecidas del suelo manteniendo parte de los restos vegetales en superficie. Por ello, es una herramienta habitual en explotaciones de cereal, secano, terrenos compactados o fincas en las que se busca una labor eficaz sin invertir totalmente el perfil del suelo.
La rotación de cultivos es una de las prácticas más importantes para mantener la productividad de una explotación agrícola a largo plazo. Aunque muchas veces se explica desde un punto de vista general, su valor es especialmente claro en explotaciones de cereal, donde repetir campaña tras campaña el mismo cultivo puede afectar al suelo, aumentar la presión de malas hierbas y reducir la eficiencia del sistema.
En cultivos como trigo, cebada, avena, centeno o triticale, una rotación bien planificada permite mejorar la fertilidad, aprovechar mejor el agua disponible y reducir riesgos sanitarios para preparar mejor el terreno para las siguientes siembras. Además, cuando se combina con técnicas como la siembra directa, la rotación se convierte en una herramienta clave para conservar la estructura del suelo y reducir labores innecesarias.
Ser agricultor activo en España no significa únicamente tener tierras, cultivar una parcela o recibir ingresos puntuales procedentes del campo. Es una figura administrativa clave dentro de la Política Agraria Común (PAC), especialmente para quienes quieren solicitar ayudas directas, justificar derechos PAC o consolidar una explotación agraria con actividad real.
En la práctica, el concepto de agricultor activo sirve para diferenciar a quienes desarrollan una actividad agraria efectiva de quienes solo poseen terrenos o derechos, pero no participan realmente en la producción, gestión o mantenimiento de la explotación. Por eso, antes de solicitar ayudas o iniciar una actividad agraria, conviene entender qué requisitos se deben cumplir, cómo se acreditan y qué errores pueden dejar fuera a un solicitante.
Acertar con la maquinaria al inicio de la campaña marca la diferencia en la rentabilidad final del cultivo. A menudo, cuando nos planteamos renovar el equipo, surge una duda habitual en el sector: ¿sembradora mecánica o neumática?
No hay una respuesta única. Tomar la decisión adecuada depende del tipo de trabajo que realizamos habitualmente, el estado del terreno, la maquinaria disponible en la nave, la necesidad de aportar abono en la misma pasada y el nivel de control operativo buscado. Adelanto que tanto las sembradoras mecánicas como las neumáticas son herramientas altamente eficaces, siempre que respondan a las necesidades reales de la explotación. Entender cómo trabaja cada máquina es el primer paso para hacer una inversión inteligente.
Quien pisa el campo a diario sabe que la agricultura no entiende de improvisaciones. Llegar tarde a la sementera o adelantar la cosechadora unos días puede suponer la diferencia entre llenar la tolva o asumir pérdidas considerables. Conocer a fondo las ventanas de siembra y recolección es la base de cualquier explotación rentable. Sin embargo, estas fechas no están grabadas en piedra; varían enormemente dependiendo del clima, la latitud y el estado de nuestra finca.
En el sector, organizamos nuestro tiempo y nuestras finanzas en torno a lo que llamamos la «campaña cerealista». Este periodo no coincide con el año natural, sino que arranca el 1 de julio y finaliza el 30 de junio del año siguiente. Esta ventana temporal marca tanto el ritmo agronómico como las pautas de comercialización y la fijación de precios en las lonjas agrícolas.
Si te das una vuelta por el campo hoy en día, notarás un cambio de paradigma importante. En Argentina, el 90 % de la superficie agrícola ya opera bajo siembra directa. En España, aunque el ritmo es distinto, superamos las 700.000 hectáreas, una cifra que nos posiciona como líderes dentro de Europa. Quienes llevamos años trabajando en el campo sabemos que esto no es una moda pasajera. Se trata de una respuesta técnica a la erosión, al alto precio del gasoil y a las sequías recurrentes.
Cuando pisas una parcela a primera hora de la mañana y tomas un puñado de tierra húmeda entre las manos, ya sabes si la campaña va a ser cuesta arriba. A lo largo de mi trayectoria optimizando rendimientos y ajustando sistemas de siembra directa, me he topado muchas veces con el mismo error: tratar todas las fincas por igual. Olvidamos que cada terreno tiene su propio carácter, su capacidad de retener agua y su límite para soportar el peso de nuestras máquinas. Conocer a fondo sobre qué estamos plantando no es solo un capricho agronómico; es la diferencia entre hundir los márgenes de beneficio a base de gasoil y fertilizantes mal aprovechados, o lograr que cada semilla alcance su máximo potencial productivo.
Llevo años pisando campo, revisando explotaciones y asesorando a profesionales del sector, y pocas cuestiones generan tantas disputas legales como el cobro de las ayudas europeas en tierras arrendadas. Cuando se firma un acuerdo por unas fincas, la maquinaria empieza a rodar, la semilla entra en la tierra y, a menudo, los papeles quedan en un cajón. El problema estalla cuando llega la campaña de solicitudes y surge la gran pregunta: si yo trabajo la tierra, pero tú eres el propietario, ¿quién tiene derecho a percibir ese dinero?
Errores al elegir maquinaria agrícola que pueden aumentar los costes de trabajo
Elegir maquinaria agrícola no consiste únicamente en comparar precios, potencia o anchuras de trabajo. Una decisión adecuada debe tener en cuenta el tipo de labor, las características del terreno, el tractor disponible, la superficie que se va a trabajar y las horas de utilización previstas.
Una máquina mal dimensionada puede obligar a realizar más pasadas, aumentar el consumo de combustible, provocar averías o impedir que el trabajo se complete en el momento más adecuado. Por el contrario, un apero adaptado a la explotación permite aprovechar mejor la potencia del tractor, reducir tiempos y mantener controlado el coste por hectárea.
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Siembra directa: ventajas y desventajas
La siembra directa es una técnica agrícola cada vez más utilizada por agricultores que buscan reducir labores, proteger el suelo y mejorar la eficiencia de sus explotaciones. A diferencia de la siembra convencional, este sistema permite depositar la semilla directamente sobre el terreno sin realizar una labor previa intensiva de arado o volteo.
Aunque puede ofrecer importantes beneficios en términos de ahorro, sostenibilidad y conservación del suelo, también exige una correcta planificación, maquinaria adecuada y un buen manejo de los restos vegetales. Por eso, antes de implantarla, conviene conocer bien sus ventajas, sus limitaciones y los factores que determinan su rentabilidad.
¿Qué es la siembra directa?
La siembra directa, también conocida como labranza cero, consiste en sembrar sobre el terreno sin removerlo previamente. La semilla se introduce en el suelo mediante una sembradora específica, que abre el surco, deposita la semilla a la profundidad adecuada y lo cierra en una sola pasada.
Este sistema suele mantener sobre la superficie los restos del cultivo anterior, como rastrojos o cubierta vegetal. Estos residuos ayudan a proteger el terreno frente a la erosión, reducen la evaporación del agua y favorecen una mejora progresiva de la estructura del suelo.
Ventajas de la siembra directa
Menor erosión del suelo
Una de las principales ventajas de la siembra directa es que reduce la pérdida de suelo fértil. Al no voltear la tierra, la estructura del terreno se mantiene más estable y los restos vegetales actúan como una barrera natural frente al viento y la lluvia.
Esto resulta especialmente interesante en zonas con pendiente, suelos ligeros o parcelas expuestas a episodios de erosión hídrica o eólica.
Mayor conservación de la humedad
La cubierta vegetal que queda sobre la superficie ayuda a disminuir la evaporación del agua. Esto permite conservar mejor la humedad del terreno y puede favorecer la nascencia del cultivo en condiciones de sequía o escasez de precipitaciones.
En campañas con climatología irregular, esta capacidad de retención de agua puede marcar una diferencia importante en el desarrollo inicial del cultivo.
Ahorro de combustible, tiempo y mano de obra
La siembra directa reduce el número de pasadas necesarias sobre la parcela. Al evitar labores previas como el arado, el cultivador o la preparación intensiva del lecho de siembra, se ahorra combustible, tiempo de trabajo y desgaste de maquinaria.
Este punto es especialmente relevante en explotaciones extensivas, donde cada pasada supone un coste considerable.
Mejora progresiva de la estructura del suelo
Con el paso de las campañas, la siembra directa puede contribuir a mejorar la actividad biológica del suelo, aumentar la materia orgánica y favorecer una estructura más estable.
No obstante, estos beneficios no siempre son inmediatos. En muchos casos, el suelo necesita un periodo de adaptación hasta que el sistema empieza a mostrar todo su potencial.
Menor compactación por laboreo intensivo
Al reducir las labores profundas y repetidas, también se disminuye el riesgo de compactación derivado del exceso de trabajo mecánico. Aun así, si el suelo parte de una compactación previa, puede ser necesario corregirla antes de implantar un sistema de siembra directa.
Desventajas de la siembra directa
Mayor inversión inicial en maquinaria
La siembra directa requiere equipos específicos, más robustos y preparados para trabajar sobre rastrojo o suelos sin preparar. Por ello, la inversión inicial puede ser superior a la de una sembradora convencional.
En este punto, es clave elegir una máquina adaptada al tipo de suelo, cultivo y volumen de trabajo. En Larrosa Arnal se fabrican diferentes modelos de sembradoras mecánicas y sembradoras neumáticas preparadas para distintas necesidades de siembra.
Gestión más exigente de malas hierbas
Al no remover el suelo, algunas malas hierbas pueden tener más facilidad para mantenerse en la parcela. Esto obliga a planificar mejor la rotación de cultivos, el manejo del rastrojo y los tratamientos necesarios.
La siembra directa no consiste solo en dejar de labrar: requiere una estrategia agronómica completa.
Necesidad de controlar correctamente el rastrojo
El rastrojo protege el suelo, pero si no se gestiona bien también puede dificultar la implantación del cultivo. Un exceso de restos vegetales puede afectar a la apertura del surco, a la profundidad de siembra o al cierre adecuado de la semilla.
Por eso, la sembradora debe tener capacidad suficiente para trabajar en condiciones exigentes.
Posible bajada de rendimiento inicial
En algunas explotaciones puede producirse una reducción de rendimiento durante las primeras campañas, especialmente si el cambio se realiza sin estudiar previamente el estado del suelo, la fertilización, la compactación o la rotación de cultivos.
La clave está en entender la siembra directa como una transición técnica, no como un cambio aislado de maquinaria.
Siembra directa frente a siembra convencional
La principal diferencia entre la siembra directa y la siembra convencional está en la preparación del terreno. En la siembra convencional se realizan labores previas para mullir el suelo; en la siembra directa, la semilla se deposita directamente sobre el terreno, con mínima alteración.
La siembra convencional puede ofrecer una implantación más sencilla en determinadas condiciones, pero implica más pasadas, mayor consumo de combustible y más riesgo de erosión. La siembra directa, por su parte, exige más precisión, maquinaria especializada y una gestión más técnica del suelo.
¿Qué maquinaria se necesita para la siembra directa?
Para realizar una siembra directa eficaz se necesita una sembradora capaz de abrir el surco en un terreno no trabajado, colocar la semilla a la profundidad adecuada y cerrar correctamente la línea de siembra.
Dentro de estas máquinas, existen sembradoras de discos (suelen trabajar mejor con abundante rastrojo y ofrecen una apertura más limpia) y sembradoras de rejas (interesantes en determinados suelos y condiciones de trabajo).
Para ampliar esta comparativa, puede consultarse el artículo sobre sembradora de discos o de rejas.
En el caso de explotaciones que requieren precisión, robustez y capacidad de trabajo en suelos difíciles, una opción específica son las sembradoras neumáticas de siembra directa de discos con rueda de control.
¿Cuándo conviene apostar por la siembra directa?
La siembra directa puede ser una excelente opción en explotaciones cerealistas, terrenos con riesgo de erosión, parcelas de secano o suelos donde se quiera mejorar la conservación de humedad y materia orgánica.
También es ideal para agricultores que buscan reducir costes operativos. Sin embargo, antes de implantarla, conviene valorar detalladamente la textura del suelo, el nivel de compactación y el historial de malas hierbas.
Conclusión
La siembra directa ofrece ventajas claras: reduce labores, protege el suelo, conserva mejor la humedad y ayuda a disminuir costes de explotación. Sin embargo, también presenta desafíos importantes, como la inversión inicial, la gestión de malas hierbas y el manejo del rastrojo.
Por tanto, no debe plantearse como una solución automática, sino como un sistema de trabajo que requiere planificación. Cuando se aplica correctamente y con una sembradora adaptada, puede convertirse en una alternativa rentable, sostenible y eficaz a largo plazo.
Chisel agrícola: qué es, características y ventajas
El chisel agrícola es uno de los aperos más utilizados para trabajar el suelo en profundidad sin voltearlo por completo. Su función principal es descompactar el terreno, mejorar la aireación, facilitar la infiltración del agua y preparar una estructura más favorable para el desarrollo de las raíces.
A diferencia de otros sistemas de laboreo más agresivos, el chisel permite actuar sobre capas endurecidas del suelo manteniendo parte de los restos vegetales en superficie. Por ello, es una herramienta habitual en explotaciones de cereal, secano, terrenos compactados o fincas en las que se busca una labor eficaz sin invertir totalmente el perfil del suelo.
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Rotación de cultivos: ejemplos prácticos y claves para mejorar el suelo y el rendimiento
La rotación de cultivos es una de las prácticas más importantes para mantener la productividad de una explotación agrícola a largo plazo. Aunque muchas veces se explica desde un punto de vista general, su valor es especialmente claro en explotaciones de cereal, donde repetir campaña tras campaña el mismo cultivo puede afectar al suelo, aumentar la presión de malas hierbas y reducir la eficiencia del sistema.
En cultivos como trigo, cebada, avena, centeno o triticale, una rotación bien planificada permite mejorar la fertilidad, aprovechar mejor el agua disponible y reducir riesgos sanitarios para preparar mejor el terreno para las siguientes siembras. Además, cuando se combina con técnicas como la siembra directa, la rotación se convierte en una herramienta clave para conservar la estructura del suelo y reducir labores innecesarias.
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Requisitos para ser agricultor activo en España
Ser agricultor activo en España no significa únicamente tener tierras, cultivar una parcela o recibir ingresos puntuales procedentes del campo. Es una figura administrativa clave dentro de la Política Agraria Común (PAC), especialmente para quienes quieren solicitar ayudas directas, justificar derechos PAC o consolidar una explotación agraria con actividad real.
En la práctica, el concepto de agricultor activo sirve para diferenciar a quienes desarrollan una actividad agraria efectiva de quienes solo poseen terrenos o derechos, pero no participan realmente en la producción, gestión o mantenimiento de la explotación. Por eso, antes de solicitar ayudas o iniciar una actividad agraria, conviene entender qué requisitos se deben cumplir, cómo se acreditan y qué errores pueden dejar fuera a un solicitante.
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Sembradora mecánica o neumática: cuál elegir según tu explotación
Acertar con la maquinaria al inicio de la campaña marca la diferencia en la rentabilidad final del cultivo. A menudo, cuando nos planteamos renovar el equipo, surge una duda habitual en el sector: ¿sembradora mecánica o neumática?
No hay una respuesta única. Tomar la decisión adecuada depende del tipo de trabajo que realizamos habitualmente, el estado del terreno, la maquinaria disponible en la nave, la necesidad de aportar abono en la misma pasada y el nivel de control operativo buscado. Adelanto que tanto las sembradoras mecánicas como las neumáticas son herramientas altamente eficaces, siempre que respondan a las necesidades reales de la explotación. Entender cómo trabaja cada máquina es el primer paso para hacer una inversión inteligente.
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Calendario de siembra de cereales en España
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En el sector, organizamos nuestro tiempo y nuestras finanzas en torno a lo que llamamos la «campaña cerealista». Este periodo no coincide con el año natural, sino que arranca el 1 de julio y finaliza el 30 de junio del año siguiente. Esta ventana temporal marca tanto el ritmo agronómico como las pautas de comercialización y la fijación de precios en las lonjas agrícolas.
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Siembra directa: qué es, beneficios y claves para implantarla con éxito
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Los mejores suelos para la agricultura: características, tipos y cultivos recomendados
Cuando pisas una parcela a primera hora de la mañana y tomas un puñado de tierra húmeda entre las manos, ya sabes si la campaña va a ser cuesta arriba. A lo largo de mi trayectoria optimizando rendimientos y ajustando sistemas de siembra directa, me he topado muchas veces con el mismo error: tratar todas las fincas por igual. Olvidamos que cada terreno tiene su propio carácter, su capacidad de retener agua y su límite para soportar el peso de nuestras máquinas. Conocer a fondo sobre qué estamos plantando no es solo un capricho agronómico; es la diferencia entre hundir los márgenes de beneficio a base de gasoil y fertilizantes mal aprovechados, o lograr que cada semilla alcance su máximo potencial productivo.
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¿Quién cobra la PAC: arrendador o arrendatario?
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