Cómo conseguir una tierra más porosa para sembrar

La agricultura conlleva tener presente una serie de factores antes de cada decisión. Entre ellas alguno como las características del campo y de la propia tierra. Dentro de la tipología de suelos principales sobre los que trabajar a día de hoy, es posible hacer una división entre: suelo arenoso, arcilloso, salino, calizos, humíferos, suelos de turba o limosos. Cada uno con sus propias características. Al mismo tiempo, las condiciones climatológicas también inciden en la tierra y la forma de trabajarla, así como su mantenimiento.

Los nutrientes de la tierra, y sobre todo la facilidad para poder trabajarla y conseguir frutos, dependerán en cierto grado de esta serie de características. Del mismo modo, conseguir que la tierra esté en su mejor estado posible y apto para su explotación. De ahí que características como la densidad, la estructura del suelo, capacidad de retener nutrientes y agua, la textura o la porosidad, son factores clave que conviene tener presente durante esta actividad. Responden a una clasificación general del suelo según sus propiedades físicas. Nosotros vamos a centrarnos en una. En cómo aumentar la porosidad de la tierra para retener más agua en caso de condiciones del suelo o meteorológicas adversas.

Qué es la porosidad

En primer lugar, definir qué es la porosidad de la tierra y por qué supone un factor determinante. Se podría definir la porosidad de un suelo como la cantidad de espacios vacíos existentes en esa porción de tierra respecto a su volumen total. ¿Esto qué permite? Sobre todo una aireación correcta del suelo, que además ayude en la retención del agua, tanto de regadío como de la lluvia. Un nivel poco aconsejable de porosidad puede acarrear dificultados en el enraizado de las plantas.

Hay que resaltar varias cuestiones técnicas al respecto. Ya que se debe distinguir entre los poros, los canales (comunicación entre los huecos de los poros), y las fisuras o grietas que presente el suelo.

Máquinas que favorecen la porosidad del suelo

El objetivo, por tanto, es aumentar el nivel de porosidad de un suelo. Para ello será necesario el uso de ciertas máquinas especializadas. Una de las que mejor rendimiento dan para este propósito son los arados de vertedera para el campo. Un apero capaz de levantar y mover la tierra de forma regular, para remover los residuos de vegetación que haya, y conseguir así una integración total de los mismos.

Esto ya de por sí es un gran paso para conseguir crear una estructura de suelo homogéneo para el sembrado. Pero no solo eso, sino que este tipo de arados no modifican el nivel del suelo de cultivo, convirtiendo este sistema en una opción perfecta para cultivos de regadíos.

En parte también porque mejoran las características del suelo. Ya que aumentan el volumen de poros, y con ello la capacidad para almacenar agua y conseguir que esta misma agua penetre de una manera más rápida a las raíces.

Existen muy diferentes formatos y diseños de estos arados, dependiendo en gran medida del tipo de cuerpo, bastidor y rejas del propio arado. Pero, sin duda, son una de las maquinarias para el campo que debes usar para facilitar la labor de siembra y garantizar unas características del suelo apropiadas.